miércoles, 23 de diciembre de 2009

La banda del sargento pimienta (actualización)

"Gabriel García Márquez recogió en un artículo de 1980 la siguiente anécdota: «Mi hijo mayor le preguntó a una muchacha de su misma edad por qué habían matado a John Lennon, y ella le contestó, como si tuviera ochenta años: "Porque el mundo se está acabando"». La disolución de los Beatles, de la que se cumplirán en breve cuarenta años, y el posterior asesinato de Lennon parecían entonces dos signos premonitorios del fin del mundo, porque aquellos cuatro individuos de Liverpool habían ocupado el centro de la existencia durante una década. «En 1966 -escribe Hanif Kureichi-, los Beatles se comportaban como si hablasen directamente al mundo entero (...); estaban en el centro de la vida para millones de jóvenes de Occidente». Lo más asombroso es que lo que parecía moda pasajera iba a proyectarse hacia el futuro con una intensidad insólita, en una trayectoria que ha provocado que, cuanto más nos alejamos de los Beatles en el tiempo, más grandes nos parezcan."

22 escarabajos
Antología hispánica del cuento Beatle

La anunciada antología de cuentos basados en los Beatles, capitaneada por Mario Cuenca Sandoval -aquí, su blog personal- y editada por Páginas de Espuma -una de las editoriales de referencia si hablamos de relato en España- ya está en las librerías. El sábado cacé mi ejemplar y se hizo tan rápido un hueco en la fila de libros en espera que ya me he leído un relato. Vale, era el primero, es corto e Hipólito G. Navarro me aseguraba un buen rato de disfrute; pero coño, tenía prisa por probar el plato que me acababa de comprar. Y bien, me divertí mucho con Rafalito y su piano desafinado. Algunos de los otros nombres que se incluyen -Rodrigo Fresán, Fernando Iwasaki, Andrés Neuman, Raúl Pérez Cobo o Care Santos- son garantía de buenas letras que no tardaré en devorar.

Este libro, titulado 22 escarabajos, no sólo constituye una fresca alegría para los que disfrutamos de los relatos, sino que, a nivel personal, ha supuesto la confirmación de una sospecha que se venía gestando en mi interior desde hace unos meses: algo pasa en Pamplona. Como si se tratara de una plaza de primera, esta tarde el autor de la selección de los relatos -Mario Cuenca Sandoval-, otra de las firmas
que aparecen -Patricia Esteban Erlés- y el editor de Páginas de Espuma -Juan Casamayor- presentarán la antología en la librería Auzolán. El acto estará conducido por el habitual Roberto Valencia, que para colmo es otro de los autores que firman en este libro.

Así, Auzolan Liburudenda pone el broche de oro a su primer trimestre como exitoso Punto de Irradiación Cultural con un acto de alta escuela. Por lo que sé, no será lo último, así que estaremos atentos a los avisos que nos lleguen y los haremos públicos en el blog para envidia de habitantes de otras ciudades como Madrid o Barcelona donde nunca pasa nada.



Por cierto, el acto será hoy, martes 22,a las 20:00 h. en la librería Auzolán, c/ Tudela, 16. Pamplona. Creo que después invitan a un vino.


(Aquí empieza la actualización:

Confirmado por Mario Cuenca, Pamplona es el primer lugar donde presentan la antología. Así que ya lo puedo decir muy alto: ¡¡estreno mundial en Pamplona!!

Hubo otras sorpresas agradables, como la visita de Iban Zaldúa, otro de los relatistas. Iban vive en Vitoria, pero se enteró del acto y se plantó para saludar. Ha sido un placer para mí descubrir a este chico y sus artículos sobre algunos asuntos que me cuesta conceptualizar. Le seguiré la pista.

Y sí, es verdad, invitaron a vino.

Hasta aquí la actualización.)

(Y por fin, la foto. Cortesía de Iban Aguinaga. Gracias, Iban.)


sábado, 12 de diciembre de 2009

Cinco milímetros de agua

"El neopreno fue un inventazo: una fibra que permite el paso del agua hasta que se satura. Cuando un buzo entra en el mar, el neopreno deja pasar unos cinco milímetros del líquido y luego se cierra. El calor del cuerpo se transmite a esa capa de agua, que se convierte en un aislante perfecto.

Un buzo en realidad no nada precisamente en el mar o no en todo el mar, sino en uno de cinco milímetros de profundidad perfectamente acoplado al volumen de su cuerpo. La inmensidad es una fantasía que es mejor visitar desde un Yo herméticamente cerrado que trata de llevar con dignidad su nombre."

El arquero inmóvil (VV.AA.)
Álvaro Enrigue

Desde que oí hablar de la teoría del neopreno ya no pienso en historias y narraciones. Incluso las librerías han cambiado. Ahora son lugares llenos de trajes de buzo de otras personas, disfraces que me puedo llevar puestos para cambiar de sentimientos, de principios y forma de ser. Y luego comprobar los resultados.

Hay personas que me preguntan: ¿Por qué lees? No es porque me aporte conocimientos nuevos, ni porque teorice sobre aspectos más o menos interesantes. Que también, pero para eso están de manera más específica los manuales. Si me gusta la literatura es porque me permite convertirme en otras personas, conocer qué se siente dentro de su neopreno, cómo son esos cinco milímetros de realidad que filtran; más allá aún, deslizarme como ellos lo hacen por el océano y, si aún quedan fuerzas, tratar de comprender el resto del mundo que nos rodea sin tocarnos.

Muchas veces, casi todas, me sorprendo metido en un neopreno que no es el mío, actuando de formas contrarias a mi forma de ser y pensar. Entonces es cuando mis principios intentan frenar esa locura e imponerse sobre los que me están rigiendo allí dentro. Pero no puedo ver ese mar sin el traje de buzo que lo filtra, y la curiosidad es más fuerte que las reglas. Por eso la lucha no surte efecto y me toca seguir haciendo lo que allí está escrito. El resultado de esta inmersión es que mi propio neopreno se ensancha ligeramente, y poco a poco se vuelve flexible.


Fui un necio en el neopreno de Ignatius Reilly, un snob en el de Dorian Gray, un loco sin fundamento en el de Dean Moriarty, un atormentado en Botchan, un dictador en La fiesta del chivo, insensible en El extranjero, fugitivo en La invención de Morel, fui judío con Philip Roth y cristiano poco convencido con Unamuno, pillo con Quevedo y drogadicto con Ray Loriga.


Así, un día veo que comprendo a muchas personas que lo hacen todo mal. O a aquellas a quienes, por el contrario, todo
les sale bien. Porque yo he sido alguna vez como ellos, he vestido su traje de buzo y filtrado sus cinco milímetros de agua. Es más, después de tantas inmersiones me siento capaz de comprenderme un poquito mejor a mí mismo, tanto cuando hago todo mal como cuando ocurre lo contrario. Que después de tanto cambiar de neopreno, el mío, el que venía con el molde original, se va haciendo cada vez más espacioso y confortable.


* Otra cita, esta de Siete maneras de decir manzana, libro didáctico sobre poesía escrito por Benjamín Prado:

"El lector de Homero no sólo lee la Odisea, también es Ulises, también lucha contra los cíclopes, conoce Ítaca y el palacio de Circe, la cueva de Calipso y el país de los Lotófagos, atraca en la isla Eolia y escucha cantar a las sirenas. Las personas que leen no tienen límites; las que no leen son nada más que ellas mismas."

** Ilustración del buzo de Elisa Arguilé, robada de aquí.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Dos presentaciones simultáneas

En el mundo hay pocas personas capaces de hacerse omnipresentes. Una era mi abuela, que tenía la habilidad de estar en la cocina, en el salón y en el baño preguntando qué tal e intentando ayudar -y sólo se callaba cuando llegaban los anuncios-. La otra dicen que es dios, que puede estar a la vez en todas partes, pero yo creo más en mi abuela por aquello de que la vi hacerlo. Lo que tengo clarísimo es que yo no tengo el don de la ubicuidad.

¿Y a qué coño viene esto? Bueno, pues viene a que el jueves pasado, a las 20:00, coincidieron en el tiempo dos presentaciones de libros a las que quería ir. Una, en Pamplona, imprescindible porque la hacía Ana Jaka, una de las poetas que me están haciendo abrir los ojos ante las posibilidades de la lírica. Yo no la conocía más que por amigos comunes, pero la había leído en su blog y me sentía con una necesidad urgente de saludar a la autora de esos versos. La otra presentación se celebró en Madrid, donde Eloise Liyu lanzó al mundo su primer libro de relatos. Se trataba de un acto mucho más modesto y familiar, un libro autoeditado por una valiente.

Por aquello de lo que hablaba, no haber sido capaz de estar en dos sitios a la vez, tuve que elegir y me planté en la presentación pamplonesa, donde por fin conocí a Jaka. Al día siguiente pude quedar con Liyu en Madrid, y me enseñó la versión original de su libro, que está a punto de ir a imprenta -y del que ya he pedido un ejemplar, faltaría más-.


1. Mero amor / Línea discontinua, de Ana Jaka

Empecemos por la presentación del poemario. Como siempre, un fragmento para ilustrar el librazo.

"Aprendí historia:
un día, de pronto, ya no eres.
Desde entonces, ya no eres.

Me revienta tratar con la gramática.
Araño las palabras,
vuelco la papelera,
en pasado, me dicen, en pasado.
Río como una loca.
Que no se acerquen,
que me miren si quieren,
estoy haciendo algo imaginario,
que hablo sola, sí
sola.

Nuestra historia ahora es mía
toda entera.
Escarbo sus momentos más preciosos,
si vierais cómo brillan...
Mi sombra proyectada será enorme,
¿cómo voy a volverme?

Delante, estabas tú
estabas
respirando en las máquinas
con los ojos cerrados, un suspiro que iba,
me dejaba en suspenso,
y volvía.
Tiene que ser así, un suspiro tras otro,
la vida.

Y, de pronto,
la historia."

Ana Jaka
Aprendí historia. -Mero amor / línea discontinua- (2009)

Este libro de poemas que edita Bilaketa -en su Biblioteca joven Francisco Ynduráin- cuenta una historia de amor -Mero amor- y de pérdida. O sea, de extremos. En estos versos se lee no sólo la letra, sino sobre todo los espacios en blanco, ese hueco al final de las palabras que reclama su lugar en los poemas de Ana Jaka. Piden lectura en voz alta, entonado, y pasar la vista por esas líneas que pronto acaban, dejando como silencio expectante que hace que el mensaje se quede suspendido en el vacío y caiga, despacito y errático, una hoja mecida por el viento que de pronto encuentra su lugar y se posa suave. Otra hoja que cae en silencio, y otra, y por fin un montón de ellas que construyen significado horadado en las entrañas.

Vaya, me he dejado llevar y me acaba de salir un cacho de poesía. Cutre, supongo, porque es la primera vez que me meto a hacer metáforas. Cuando uno huye del dulce, como me ocurre a mí, deja de valorar la lírica y pasa como un rodillo sobre todo lo que no sea contundente. Descubrir Mero amor/Línea discontinua ha sido como enamorarme de un colibrí, cuando yo siempre me sentí más inclinado hacia las apisonadoras.


2. Ocurrió alguna vez en Madrid, de Eloise Liyu.

"El principio es como todo, lo podemos poner donde nosotros queremos, pero voy a elegir un momento importante:

Vestidos de negro y con el instrumento en la mano subimos despacio las escaleras y respiramos antes de que el silencio invadiera el entorno. Clara iba la primera, y una vez puso el pie en el escenario empezaron los aplausos.

Este sería el principio, y como toda buena pieza de teatro contaremos tres actos, bueno tres momentos, tres recuerdos, tres sensaciones… e iremos al final, que no es un final, sino otro principio. El bucle de la vida."

Eloise Liyu
Noa y Berlín. -Ocurrió alguna vez en Madrid- (2009)

Eloise Liyu juega en otra liga. La de aquellos que empiezan en esto de las letras con las únicas armas de la ilusión y la voluntad. Ocurrió alguna vez en Madrid es un libro autoeditado, casi manufacturado. La pena es que es sólo para amigos, para enseñarnos sus progresos y poca vergüenza. Porque hay que tener poca para atreverse a mostrar algo en lo que se pone tanto esfuerzo, y tener estómago para aguantar la crítica e indiferencia que sufrimos los que nos dedicamos a esto sólo por amor.

He leído muchas cosas suyas, de Liyu. En sus letras se ve que tiene madera, dulzura e inocencia. Y esto es siempre una garantía si queremos encontrar verdades. Sólo espero que esta presentación sea la primera de muchas, que siga aprendiendo en tres actos, o en diez o en mil. Y publique más relatos, y más novelas. Y dentro de unos años alguien descubrirá esta joya y la publicará de nuevo, esta vez a lo grande. Así, como ella misma dice en su texto, ocurrirá que el final vuelve a ser sólo un principio. El bucle de la vida.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Otro concurso que no gano, mierda


La bitácora de Sergi Bellver ha fallado hoy el IX Premio de Relato Mínimo Diomedea -aquí, el link para poder leer los relatos ganador y finalista-.

Es la primera vez que escribo una entrada sobre un premio, pero me parece de necesidad por dos razones.

1.- Porque yo envié un relato que no ha sido premiado. Vale que entre 86 era difícil, pero coño, a mí me gustó cómo me quedó. En un principio, tras la desolación por el poco aprecio que han recibido mis letras, pensé en publicarlo aquí para que todo el mundo viera lo injusto de la decisión. Sería mi venganza, el momento en que la evidencia de la calidad dejaría patente semejante desfachatez.

Pero luego he hecho algo que ningún autor de prestigio como yo debe hacer. Este hecho, el de que soy un autor de prestigio, queda fuera de toda duda pues cuento en mi haber con 0 relatos publicados, 0 premios literarios en los cinco certámenes en que me he atrevido a robar tiempo al jurado y unas críticas tan despiadadas como cargadas de envidia de los pocos que me han leído algo. Es mi sino, ser como Ignatius Reilly, que todos los necios se conjuran contra mí.

Decía, perdón, que se me va la olla, que he hecho lo que ningún autor de prestigio debe hacer nunca, bajo ningún concepto: leer a los ganadores.

Y he entendido algunas cosas.

El relato ganador -"De relojes y hombres", de Pedro Peinado Galisteo-, que no se merece el premio porque me lo merecía yo, cuenta en sus menos de 200 palabras una alegoría que yo sería incapaz de resumir en 200 folios a espacio simple. Tiene ritmo, sorpresa y es divertido. Será cabrón.

El relato finalista -"El niño y la guerra", de Jesús Esnaola Moraza- tiene un giro dramático al final que cambia completamente el sentido de lectura que llevábamos. Y todo en sólo 170 palabras. Las he contado porque, en un momento, dice: elchicoquesabíadóndecaeríanlasbombas. Y he pensado: ¡trampa! ¡junta las palabras para no llegar a las 200 reglamentarias! Iba a desmontar con mi ira todos los entresijos del concurso, pero no he podido. Otro argumento que se me cae, porque el autor podría haberlo escrito separado y habrían salido sólo 177. Mierda.

Hay que decir que, por si fuera poco no darme un premio a mí, esta vez ha habido un único finalista. O sea, que han dejado la otra posición de relato de mérito desierto. Yo me lo he tomado como lo que es: una afrenta, igual que todo lo que no sea darme premios a mí. Así que he decidido no enviar ningún relato más al concurso.

Por favor, esos del jurado, dejen de aplaudir y dar saltos que lo mismo cambio de opinión.

Veo que siguen aplaudiendo... pues hala, otro que les mando para la próxima. Ustedes se lo han buscado.

2.- Esta razón es mucho menos importante que el hecho de que no me hayan dado el premio, dónde va a parar, pero he de decirla.

Sergi Bellver, el organizador, amenaza con que la próxima edición, o sea, la décima, será la última. Sus razones para abandonar son tan poderosas y comprensibles que no puedo intentar convencerle de que persista, pero desde aquí le pido que agote las posibilidades de seguir convocándolo. Ya sé que hay muchos concursos literarios, ya sé que el mundo está saturado de cuentos buenos, regulares y malos, que se publican infinitos libros al año, muchos más de los que nadie se podría leer en toda la vida. Pero he leído los premiados en otras convocatorias y, por lo poco que sé de Sergi, estoy seguro de que el Diomedea es uno de los concursos independientes, de esos que no se casan con nadie. Y lo más importante: creo que nace de la buena voluntad y de las ganas de aprender y leer. Por eso me gustaría que siguiera con el esfuerzo de convocarlo.

Bueno, vale, el párrafo anterior era peloteo. Realmente, exijo que lo siga convocando por lo menos hasta que gane yo.

Queda dicho.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cortázar en alto


Ayer hubo lectura pública de cuatro cuentos de Julio Cortázar.

Dos actores argentinos prestaron la voz a los relatos, por aquello de entonar como lo habría hecho el propio autor; y tuvieron la delicadeza de leer despacito, como se debe escuchar.

La verdad es que no soy muy fan de estos actos que tienen más de ritual que de literatura, esos en que la gente pone cara de iluminación y hace como que se eleva a las alturas; pero he de reconocer que ayer se creó un ambiente muy majo. Quizás es porque somos muchos los que acudimos a todos estos eventos y nos hemos terminado por conocer, o también en parte por la calidad humana de los organizadores -la librería Auzolán-, o por la capacidad de convocatoria de un Roberto Valencia que se ha convertido en referencia de la vida cultural de Pamplona. Seguramente fueron todas estas causas las que concurrieron para pasar un rato tan agradable.



Hay que agradecer la iniciativa al Foro de Auzolán (punto de irradiación cultural). Pongo el subtítulo -punto de irradiación cultural- porque me encanta.

Os dejo el link a uno de los relatos que se leyeron ayer, pero tenéis que seguir estas instrucciones:

  1. - Leerlo en voz alta
  2. - Despacito, pararse en cada punto y coma
  3. - Imitar el acento argentino (para los que les salga mal, que lo hagan cuando nadie les oiga)
- No se culpe a nadie -


Dentro de dos martes, Roberto Valencia ofrece una charla sobre los libros de su tocayo Bolaño. Intentaré terminar 2666 para entonces e ir con algo de trabajo previo hecho.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Gabriela Wiener - ¡Alguien tenía que pinchar el globo!


Los que dejamos algo más que energía en este camino de avanzar por lo literario tendemos a obsesionarnos con la pureza. Asimilamos conceptos elevados, interiorizamos lecturas, referencias metaliterarias y estudiamos formas de despertar emociones que nos van volviendo cada vez más técnicos, quizás algo más sabios, pero sobre todo nos convierten en seres más "exclusivos". Pongo la palabreja así, entre comillas, para evidenciar la connotación negativa del término -soy incapaz de encontrarle una aplicación positiva-.

En la vorágine de este proceso nos olvidamos de la primera lección que se da en cualquier taller literario: tenemos que aprender todas las reglas para luego poder no usarlas. Digamos que, después de oír esa afirmación, nos enfrascamos en el camino de ida -el aprendizaje- y ya no damos nunca marcha atrás.

Y en eso estaba yo cuando apareció, el pasado martes en el marco de los Encuentros Literarios 2009, la escritora peruana Gabriela Wiener. Parece que venía de pasada, pero su visita se convirtió en un acontecimiento imprescindible para darme una lección de naturalidad y devolverme los pies al suelo. Ya intuía yo que escribir literatura no es como fabricar un ordenador, que los artificios literarios no son quienes garantizan el éxito sino otros elementos más efectivos como, por ejemplo, el sentido común. Pero alguien debía recordarlo de forma contundente.

Y lo mejor es que ese toque de atención fue del todo inesperado.

La peruana es considerada en la actualidad una de las principales representantes del denominado periodismo Gonzo -si os apetece, mirad aquí, en la wikipedia, lo que significa el término-. Ella no se posiciona exactamente dentro de este género, y habla más de "periodismo de inmersión". Quizás, y a modo de definición un tanto sui generis pero bien traída, nos debamos quedar con sus palabras: "Yo sería una empírica: la experiencia es mi método para llegar al conocimiento". Sus dos libros son, hasta el momento, Sexografías y Nueve lunas.

En principio, para alguien que se encuentra en ese camino ascendente que comentaba al principio, la charla de esta autora no era algo especialmente atractivo. Fui a escuchar a una persona que habla de sí misma -vamos, que no construye un yo narrativo cargado de aristas-, que deja de lado los grandes conceptos intelectuales -no plantea situaciones morales de forma especialmente novedosa-, que busca la sencillez y la naturalidad -o sea, que no engola sus narraciones con un explícito conocimiento metaliterario-; vamos, fui a ver a una autora que no entraba dentro de los preceptos literarios elevados en los que pretendía moverme.

Y qué bien, oye, porque me encontré con uno de los aterrizajes más enriquecedores y necesarios que he tenido. Como me siento incapaz de elaborar un ensayo sobre todo lo que se comentó en la charla, y además no quiero matar a nadie con mis digresiones, dejo constancia resumida de los principales puntos en los que se movió la conferencia:

Naturalidad
Para mí, la gran lección que aportó la Wiener. "El lenguaje está trabajado, pero intento limpiarlo lo más posible de la contaminación libresca". ¡Contaminación! ¿Será atrevida, llamar contaminación a los artificios literarios? Sí, es atrevida.

Técnica
La pregunta fue tal que así -la hice yo, pero la resumo, porque me casqué un coñazo que no se merece ningún lector-: "Has intentado acercar el yo literario al yo real, pero ¿realmente crees que es posible conseguirlo?" Y ella sonrió, tosió -estaba acatarrada- y dijo: "Bueno, intento ser honrada". Todas las intenciones elevadas de la pregunta desmontadas. Ahí es donde pensé: coño, es verdad, la literatura se puede basar en la honradez, en la buena voluntad y no sólo en ideas puristas. "El desafío es no caer en la tentación de escribirme mejor de lo que soy", apostilló la Wiener. Por si parecía que no se había dado cuenta de los riesgos.

Periodismo
Es bueno que sea periodista, porque cada vez que frenaba su discurso dos segundos para pensar qué decir, soltaba un titular. Tal que así: "Uso el periodismo como excusa para realizar cosas que quería hacer". Gabriela Wiener ha follado con Nacho Vidal, ha tenido experiencias místicas con la Ayahuasca y se ha ido con su pareja a un club de intercambios, todo ello para conseguir el material con el que escribió su primer libro.

Riesgo
"Mis narraciones se nutren mucho del miedo", explicó -otro titular-. Pese a ello, respondió rápido a la pregunta en la que le comparaban con un corresponsal de guerra: "No puedo hacer un drama con mis riesgos, al final estoy haciendo cosas que quiero hacer, que me producen curiosidad".

Sexo
No podía faltar esta cuestión cuando hablamos de una escritora que ha titulado a su primer libro Sexografías. "No soy especialista en sexo: si hay un enganche entre el lector y yo es que somos personas corrientes".

Eso, personas corrientes.

Que no se me olvide.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Zeberio Zato en las ondas (ya con audio)


¡Viva!

A las 18:30 de esta tarde realizan la primera entrevista conocida al etéreo autor de este blog, Zeberio Zato.

Será en la emisora catalana Com Radio.

El espacio en el que se incluye es el Bombolog, una oportunidad que se da a blogueros relacionados con la cultura de promocionar su sitio de internet durante un solo minuto. Estresante, sí. Pero bonito.

Desde la dirección de Vividor de otras vidas agradecemos al
Programa Cultureta de Mery Cuesta & Julio Arriaga
,
sección del programa Extrarradi que se emite todos los días de 4 a 7, el haberse puesto en contacto con nosotros y permitirnos la promoción a través de este medio.

La oportunidad ha sido muy bien acogida por el Consejo de Administración de este blog, que ha valorado positivamente tanto la entidad de la emisora que echará las ondas al viento como la profesionalidad de sus locutores y los buenos consejos recibidos.

Estamos a expensas de que Zeberio Zato comience a existir para que emita sus primeros sonidos, pues hasta el momento sólo ha sido capaz de expresarse por escrito. En el caso de que no llegara a tiempo para el momento de la emisión, la compañía tiene previsto un sustituto para tomar la palabra.

En cuanto esté disponible y sepamos cómo hacerlo añadiremos el audio a esta entrada,
con la transcripción escrita de lo expresado, para que quede
constancia eterna de este minuto de gloria.


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Actualización
(11 de noviembre)
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Ya tenemos el audio. Hemos subcontratado a la mejor empresa de implementación de recursos audiovisuales para que permita que todos lo oigamos, pues dentro de Vividor de otras vidas sólo sabemos de lecturas, y poco.

Hay que aclarar que, al final, nuestro adorado Zeberio Zato no pudo dar su voz al programa, se ve que aún la está buscando -la voz oral, no la escrita, que de esa ya sabemos todos un rato-. En su lugar tomó la palabra nuestro emocionado portavoz -recién fichado para la ocasión-, Txomin Bideari, que improvisó un discurso declamado a la velocidad del señor aquel que lee la letra pequeña de los anuncios de medicamentos.












(hay que esperar un par de minutos hasta
que llegue la intervención del señor Bideari)


Y debajo, la transcripción de lo dicho, por si al oírlo tan rápido nos perdemos.

Sólo en una ciudad tan pija y tranquila como Pamplona podía haber nacido Zeberio Zato. Fue el sueño de un loco anónimo que se aburría. Poco después, Zeberio Zato montó un blog literario. Quería vivir otras vidas fuera del gran hermano y las partidas de mus. Y así lo llamó, Vividor de otras vidas, el blog literario sobre libros y actualidad.

El tándem Zeberio Zato-Vividor de otras vidas empezó pronto a funcionar.
Escritores, editores y otras personas relacionadas con la literatura han dejado su huella en Vividor de otras vidas. Incluso han preguntado por Zeberio Zato en charlas. ¿Quién coño es Zeberio Zato?

Zeberio Zato y Vividor de otras vidas crecieron solos, vía Facebook o Twitter, o vía otros blogueros literarios. Hasta que Pamplona se dio cuenta de que existía. Empezaron a abrirse puertas. Primero la gatera y luego la entrada principal. Con el tiempo, Vividor de otras vidas es un vocero oficial de todos los eventos literarios que ocurren en Pamplona, que han sido leídos en 69 países del mundo. Agendas, charlas, actividades y foros de librerías se suman al blog.

Pamplona cuenta con Zeberio Zato y Vividor de otras vidas para hacerse menos aburrida, o quizás un poco menos pija. Los libros, las digresiones y el ansia de reflexión hacen de vividor de otras vidas un blog necesario aquí y en todas partes.


En la asamblea extraordinaria programada ayer, martes, con posterioridad al evento, el consejo de administración de Vividor de otras vidas ha aprobado las siguientes resoluciones, todas ellas por unanimidad:

1.- Cómo mola salir en la radio. Dentro de este punto se propuso agradecer a Mery Cuesta y Julio Arriaga la oportunidad otorgada, pero uno de los miembros del consejo repuso, de forma acertada, que el blog se la merecía absolutamente, con lo que fue desestimada. Por tanto, no se agradece la oportunidad a Mery Cuesta y Julio Arriaga.

2.- Txomin Bideari permanece como portavoz oficial para todas las próximas emisiones que requieran una voz sonora, hasta nueva orden. Entendemos que el mensaje que dio puede parecer pretencioso, pero se trataba de promocionarse, ¿no? ¿Alguna vez se ha visto una promoción humilde, o incluso realista?

3.- Olga Vallejo tiene una voz muy bonita, y además parece que está muy buena -por lo menos por la foto que aparece en la carátula del programa-. La unanimidad en este punto fue total, pese a que uno de los miembros intentó cambiar la expresión por "tiene una sonrisa muy bonita", opción que fue descartada por ñoña.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Sobre mí

Que sepáis que me han citado en Lo que me ahorro en psicoanálisis (hola, Loque).

Bueno, no ha sido exactamente así: en realidad han citado un comentario de uno de mis trolls y no nada que yo haya podido decir. Pero mola que le citen a uno, aunque sea así, como de refilón. Y ya no te digo si quien lo hace tiene el blog que quedó noveno de 318 participantes en la Categoría Humor de los Premios 20 Minutos. En serio, es una pasada. El blog, claro, que es uno de los que te hace pasar buenos ratos y reír hasta a carcajadas (Loque, tu selección de búsquedas está a punto de convertirse en un clásico internetero); y ya no digo nada de la pasada que es recaudar los votos suficientes para quedar entre los diez primeros de aquel concurso.

Yo no os hablé de cómo quedó mi blog en el concursito de marras, ¿verdad? Pues no, chicos y chicas, no os hablé de ello. (Fijaos que añado el femenino "chicas" porque, aunque pudiéramos pensar que está incluido en el plural "chicos", continúo con el proceloso -guiño- proceso de dar un giro profundo a mi machismo cultural y pretendo sacrificar a su causa todo tipo de economía lingüística o conceptual).

Vale, pues ahora que me he metido en el fregado y que no puedo esquivarlo, tendré que explicarlo. Y eso que nadie se dio cuenta de que una noche, disfrazado con pasamontañas y guantes de látex, retiré toda referencia al concurso de mi blog. Pero ya lo he vuelto a traer y seguro que alguien tiene memoria, así que lo haré, aunque que me apetezca nada. Es que para contar que tuve dos putos votos -a cuyos emisores estoy muy agradecido, pero no sé quienes son, así que no vendría mal que me lo hicieran saber- y quedé más allá del 150 de entre 945, mejor no contar nada, ¿no?

Ya, cerrado definitivamente todo comentario sobre el concurso.

En breve volverá la literatura.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Pamplona, que no para

Estamos de sorprendente enhorabuena, otra vez más, en la ciudad.

En esta ocasión se trata del Foro de Auzolán. Promocionado por la librería del mismo nombre -aquí, la presentación del evento que hicieron en la radio-, nos presentan una conferencia apetecible tanto por la temática como por el ponente escogido.

El crítico de cine y escritor Hilario J. Rodríguez será el encargado de hacer la retrospectiva, que versará sobre la incidencia que tuvieron los atentados del 11-S de Nueva York en las artes narrativas -cine y literatura, sobre todo-. Desde Auzolán hablan maravillas de este autor -"una de las mentes más lúcidas de nuestro país", dicen- y Roberto Valencia, que fue quien abrió esta serie de charlas el pasado día 20 de octubre, apuesta fuerte por lo que nos puede ofrecer. Yo, como no conocía a Rodríguez antes de que lo anunciaran para la conferencia, he acudido a la wikipedia donde aparece una biografía bastante detallada.

Como siempre, estaré por allí para intentar hacerme con los datos más interesantes. Y también como siempre, seguiré con mi carraca e intentaré explicarlo lo mejor que pueda en el blog.

Quién me iba a decir que iba a tener tanto estrés cultural en mi pequeña Pamplona.

Foro de Auzolán
Conferencia sobre el 11-S a cargo de Hilario J. Rodríguez
Martes, 3 de noviembre. 19:30 h.
C/ Tudela, 16. Pamplona.

viernes, 30 de octubre de 2009

Mario Cuenca - Hablar de otros para contarme yo

Se ve que, no hace mucho, una cadena de televisión hizo una encuesta callejera en la que preguntaban a los viandantes si existían los extraterrestres. Entre las respuestas se coló la de esta señora: "Ojalá, y que sean guapos. Que hay mucha soltera aquí en la tierra." Esta anécdota, que fue explicada por Mario Cuenca Sandoval en la charla que ofreció el pasado martes en Pamplona, ilustra a la perfección la tesis que defendió el autor cordobés. El tema de la reunión buscaba, más o menos, responder a la siguiente pregunta: "¿Debe el autor hablar de sí mismo en sus novelas?".

Sabíamos que Cuenca mantiene una posición abstencionista en su escritura, o sea, que no utiliza su vida como material de la escritura. Eso fue lo que dijo. Pero formuló su teoría de una manera que sorprendió a muchos de los presentes. A ver si consigo explicar la esencia.

Lo primero que hizo fue hablar de la realidad. "Una autoconfesión", dijo, "sólo nos sirve para convencernos a nosotros mismos de que somos así. No hay nada más falso". Explicó que la memoria es uno de los mecanismos menos fiables que existen, pues rellena de forma arbitraria los huecos que dejan los recuerdos, y reordena la realidad con el fin de darle apariencia lógica. Todos de acuerdo, hasta el momento. Sigue. Si de esa manera se pierde la exactitud, ya no hablemos de cuando contamos nuestra vida a otros. Entonces, además de utilizar un punto de partida poco certero como es la memoria, nos encontramos con nuestros complejos y deseos filtrando la información, quitando datos que nos hacen feos y añadiendo matices inexistentes que nos mejoran. ¿Somos, entonces, esa ficción que explicamos e intentamos vender como nosotros?

Hasta ahí seguimos de acuerdo, ¿no? Lo dicho en la primera frase: las autoconfesiones no son fiables. Pero pensemos por un momento en la escritura de ficción, o sea, en hablar de temas que no nos ponen en riesgo. La libertad, entonces, es absoluta: no tenemos miedo a dejar al descubierto nuestras vergüenzas. La reacción natural es que bajamos la guardia.

Y ocurre lo que a la señora del ejemplo. ¿Qué habría ocurrido si le hubiéramos preguntado por su vida? Por ejemplo: "¿Está usted contenta con su vida amorosa?". Lo más probable es que su respuesta hubiera sido: "Sí, mucho". En cambio, le preguntan por los ovnis y nos deja ver que busca un hombre guapo. O quizás para su hija, es igual. La certeza de la revelación que ha hecho al hablar de los ovnis es mucho mayor que lo que nos habría podido contar hablando directamente sobre sí misma.

Así, con ejemplos y una clarificadora exposición, Mario Cuenca desmitificó todas nuestras teorías previas. No es sólo que él no use su propia vida para sus narraciones, sino que además sabe que de esa impregna las páginas con su persona. "Mikel Larretxi no tiene nada que ver conmigo, pero cuando fui avanzando en la narración me fijé en que el personaje tenía una característica muy mía, era también un ser de tendencia logorreica", confesó. En Boxeo sobre hielo, al inventarse la historia, Mario Cuenca habla sobre él, sobre sus padres y su entorno, pero lo hace de forma inconsciente. Todas las historias que relata en la novela son inventadas, o recogidas de diferentes fuentes, pero apareceen filtradas por él, interiorizadas. Y al trasladarlas al papel han dejado caer, como por decantación, parte de sí mismo.

En vista de esta situación, ¿quién es más honesto, aquel que habla directamente de sí mismo o quien deja traslucir parte de su persona al hablar de otros temas? Mario Cuenca lo tiene claro: "Soy más honesto cuando no hablo de mí". Sorprende darse cuenta de paradojas como la que acabo de explicar, ideas que me hacen dar aún más valor a la literatura de ficción.

Habló de muchas otras cosas, Mario, durante las casi dos horas que estuvimos charlando con él. Pero esas quedarán para los que tuvimos la suerte de acudir a la charla -recordad que es el primer acto de una serie de acontecimientos englobados en el ciclo "Encuentros literarios 2009", organizado por el Instituto Navarro de la Juventud-. En esta entrada he querido hablar de lo esencial, de aquello que me sorprendió y que me supuso una revelación. Está claro que no lo dijo con las mismas palabras que acabo de poner. De hecho, se extendió durante muchos minutos en este tema, hasta conseguir que nos hiciéramos una idea ajustada de su teoría. A mí no se me han ocurrido otras para transmitirlo. Un momento, ¿no será que, al hablar de lo que dijo otro, he acabado filtrándolo en mi persona y contando algo que realmente se ha convertido en mío? ¿Cuánto de Mario Cuenca y cuánto de Zeberio Zato hay en esta teoría?



PD: La segunda novela de Mario Cuenca aparecerá en marzo, y estará ambientada en un escenario bélico -de la misma manera en que Boxeo sobre hielo está ambientada en el boxeo, o sea, poco-. Esto es todo lo que pudimos conocer. Antes, en diciembre, aparecerá una antología de relatos sobre los Beatles seleccionada por él mismo. Entre los cuentistas que participan están Rodrigo Fresán, Iwasaki o Neuman, además del propio Mario Cuenca y de Roberto Valencia, el profesor de literatura del taller de Huarte al que acudo, y uno de los grandes dinamizadores de la vida literaria de Pamplona.

martes, 27 de octubre de 2009

25 aniversario Encuentros de Jóvenes Artistas de Navarra


El Instituto Navarro de la Juventud, con motivo de la celebración del 25 aniversario de los Encuentros de Jóvenes Artistas de Navarra, se ha animado a organizar un ciclo literario llamado Encuentros Literarios 2009 que cuenta con varias actividades interesantes y sorprendentes.

Las dos primeras citas plantearán un debate sobre un tema que aparece en casi todas las conversaciones sobre literatura: ¿Cuánto de su propia vida debe poner el autor en lo que escribe?

Abre el ciclo el escritor cordobés Mario Cuenca, autor de Boxeo sobre hielo, la magnífica novela de la que escribí hace dos entradas. Defenderá Cuenca, dentro de este debate, la versión "absentista": aquella en la que no se recurre a las vivencias propias para elaborar un texto literario. Los personajes y las historias que relata el autor no tienen nada de autobiográficos. -Resumen de la conferencia, aquí-

Dentro de quince días, el 10 de noviembre, participará en los encuentros la escritora peruana Gabriela Wiener, que parte desde una posición absolutamente contraria. Wiener pone toda su vida al servicio de sus narraciones, con lo que consigue historias muy personales cargadas de reflexiones en las que su propia experiencia constituye el tema central. No duda Wiener, con objeto de conseguir material para sus escritos, en provocar todo tipo de situaciones como ha hecho con su último trabajo, Sexografías. También aquí, algo de lo que se dijo.

Estoy seguro de que ambos autores cumplirán con las expectativas que he depositado en estas charlas. Las contaré puntualmente en el blog, para que quede constancia de lo acontecido y podamos disfrutar todos de estos Encuentros Literarios 2009, un evento de esos que me hacen reconciliarme con la vida cultural de esta ciudad.

Además de estas dos charlas, los encuentros incluyen una tutoría literaria denominada El autor charla con su obra, en la que Regina Salcedo (aquí, una entrevista que le hicieron en Euskosare) asesorará a jóvenes creadores sobre los textos escritos por ellos mismos.

Y para terminar, Jorge Carrión ofrecerá durante tres días, en Alsasua, un taller de escritura literaria que lleva por título La máquina del cuento (recogido en tres partes, la uno, la dos y la tres)

Espero que estas actividades tengan buena acogida y en el futuro los organizadores sigan apostando por la cultura en esta ciudad.


Agenda Encuentros Literarios 2009

- Martes, 27 de octubre. 19:30 h.
Palacio del Condestable (Pamplona).
Mario Cuenca Sandoval.

Resumen

- Martes, 10 de noviembre. 19:30 h.
Palacio del Condestable (Pamplona).
Gabriela Wiener.

Resumen

- 23 a 28 de noviembre.
Instituto Navarro de la Juventud (Pamplona)
Tutorías Literarias ofrecidas por Regina Salcedo.


- 11 a 13 de diciembre.
Albergue de INJ (Alsasua).
Taller de Escritura literaria ofrecido por Jorge Carrión.

Resumen (I)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Vividor de otras vidas

"Son muchas las razones que se han barajado para explicar tanto la fuerza como la necesidad de la ficción. Suele hablarse -yo mismo lo he hecho en otras ocasiones- de la parvedad de nuestras existencias reales, de la insuficiencia de limitarse a una sola vida y de cómo la literatura nos permite asomarnos a otras o incluso vivirlas vicariamente, o atisbar las nuestras posibles que descartamos o que quedaron fuera de nuestro alcance o no nos atrevimos a emprender."

Javier Marías
Discurso de ingreso en la Real Academia Española

Quizás sea por la coincidencia, pero me ha tocado leer este discurso y mira lo que me he encontrado. Demasiado pertinente como para dejarlo pasar. Y digo yo que, para explicarse, mejor que lo hagan otros, ¿no? Digo para explicar el porqué del nombre del blog, Vividor de otras vidas. Dentro de un par de meses cumpliré un año alimentando a este engendro literario y chupando energía de todos los comentarios que me dejáis. Entonces volveré a hablar, espero, del título y de la vida.

Al hilo, ¿para qué sirven los libros? ¿Quizás sean útiles para superar la angustia de tener una vida finita, y nos permiten elegir otras más cómodas, o aventureras, o lúcidas, o desternillantes para combinarlas con la que nos ha tocado? Porque cuánta lucha necesita la vida de verdad para convertirse en la deseada.

martes, 25 de agosto de 2009

¿Los mismos perros con distintos collares?


Quizás sea por culpa de la gripe, que ahora estoy seguro de que lo es gracias a unos clarificadores temblores con tos que me han despertado a las 5 de la mañana y me han dejado de recuerdo fiebre y a sudar. Quizás también sea por la constatación, una vez más, de la evidencia de que en política cada perro defiende su rebaño y, a actos igualmente condenables, los raseros de medir varían. Sea por lo que sea, me ha vuelto la mala leche, y hacía tiempo que en este blog sólo hablaba de literatura.

Pongamos por caso que ocurre un acto de violencia callejera realizado por los que habitualmente cometen actos de violencia callejera -por ejemplo, destrozos en mobiliario urbano o pintadas en favor de ETA, los presos, y la independencia-. ¿Cómo son las reacciones?

- Todos los partidos con representación en el parlamento: condena unánime y rechazo, apelaciones a la policía para que detenga rápidamente a los culpables y peticiones de contundencia en la respuesta.

- Entorno Batasuna: silencio.

Algo habitual. Ahora pensamos en el mismo acto pero de otra manera. Planteémonos un atentado cometido por nostálgicos del franquismo contra, por ejemplo, un monumento que homenajea a los prisioneros republicanos que se intentaron fugar de donde el ejército fascista los tenía encerrados. Imaginemos que, además, en el mismo ataque se mancilla el monumento a los fusilados de la Guerra Civil situado en Aizoain, a pocos kilómetros de Pamplona. Todo aparece destrozado y con pintadas que incluyen mensajes claramente preconstitucionales. ¿Cómo serían las reacciones?

- Todos los partidos con representación en el parlamento: condena unánime y rechazo, apelaciones a la policía para que detenga rápidamente a los culpables.

- PP: silencio.

La pena es que estas dos hipótesis no son un ejercicio de ficción, sino que han ocurrido de verdad. La primera, en múltiples ocasiones y aireada por todos los medios de comunicación locales y nacionales. La segunda hipótesis también se viene repitiendo, aunque la información que se da sobre el tema es nula, no sea que se aireen demasiado los calzoncillos viejos. Al final, de tanto ir el cántaro a la fuente, ayer por fin pudimos leer en prensa algo de esto, que también ocurre -ver noticia-.

lunes, 24 de agosto de 2009

Mi catarro



"Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?"

El sueño
Jorge Luis Borges

La gripe. Llevo tres días en cama. La semana pasada ya me amenazaron unos sospechosos picores de que algo ocurría dentro de mi ser, pero el sábado es cuando se hizo presente a su manera, con la delicadeza con que llega un tren de mercancías a una estación de montaña.


Algunos le llaman gripe A,
o porcina, o algo.

Eso tiene glamour.

Como yo soy mucho más cutre,
seguro que lo único que tengo
es un puto catarro de mierda.

Vuelvo cuando despierte
y qué calor hace,
que ya no sé si es fiebre
o temperatura ambiente.


jueves, 13 de agosto de 2009

El arte como prueba

"Porque creo que el artista, como quería Joan Miró, debe plantearse su tarea desde la mayor de las ambiciones, con todo el orgullo posible, para ejecutarla con la mayor de las humildades, desde la convicción de que, casi siempre, el territorio del arte es el fracaso."

Quimera (Julio-Agosto 2009)
Ricardo Menéndez Salmón

Quimera es una revista con muchas letras. Esta perogrullada es, sin duda, lo que mi primo pensaría de esta revista literaria -de hecho, es lo que dice cada vez que le mando un mail y no se lo lee-. Entre las letras de Quimera suele haber información interesante, a veces cierta petulancia -bien documentada, eso sí-, y en otras ocasiones joyas capaces de resumir años de estudio en unas pocas páginas. Creo que esto último es lo que ocurre con el artículo que acabo de extractar, de Ricardo Menéndez Salmón, publicado en el número doble de verano.

A Menéndez Salmón le he leído otros artículos, pero creo que en éste ha estado especialmente sembrado. Ya sabemos que es un autor al que tengo en gran estima -a partir de un párrafo suyo se me ocurrió la idea de funcionamiento de este blog-, y el interés con el que leo lo que escribe es siempre, por tanto, el máximo.

En este artículo, titulado de forma un tanto académica "Hacia una poética de la decantación", el autor asturiano realiza una bien armada reflexión sobre el papel de la novela o la literatura en el mundo y la historia.
"Una vez la filosofía ha fracasado en su empeño por captar la totalidad", asevera Salmón, la novela "se convierte en una suerte de gran cedazo que, por decantación, es capaz de retener en su fondo los posos decisivos de nuestra conciencia y los ejes axiales que vertebran la contemporaneidad". O sea, que es en los posos de la literatura donde, por encima de cualquier otro arte o ciencia, mejor podemos vislumbrar los rasgos característicos de una época.

"Si mi hija me pidiera algún día que le contara cómo era la España en la que su padre pasó sus primeros años", continúa el autor, "le diría que leyera una novela, por ejemplo Romanticismo, de Manuel Longares. Si mi hija me pidiera algún día que le contara cómo era la España en la que ella nació, le diría que leyera una novela, por ejemplo Crematorio, de Rafael Chirbes. Si los extraterrestres algún día quisieran saber a qué se parecía este planeta llamado Tierra durante el siglo XX, no les invitaría a que escucharan la música de Shostakóvich o la de Joy Division, sino a que leyeran las novelas de Kafka o las de Kureishi."

Parece mentira que, en dos páginas, haya tres referencias que me resultan imprescindibles y me quede la sensación de que me dejo mucho por contar. Es una muestra de lo condensado de este artículo.

Para los que os interesa de verdad la literatura -que sois todos los que habéis llegado hasta aquí, me imagino-, os aconsejo que busquéis la Quimera de julio y agosto y leáis a Menéndez Salmón. Si la compráis, mejor, así damos dinero -siete euros- para que una de las publicaciones literarias de mayor calidad siga funcionando. Si, de todas maneras, a alguno le jode gastarse el tercer cubata del sábado en cultura, que la pida a la biblioteca pública del barrio y entre todos pagaremos, gustosos, esta necesaria adquisición.

lunes, 27 de julio de 2009

Una súplica

"Ningún escritor es bueno hasta que no aprende a corregir"

Enrique Vila-Matas

Nada, que me ha dado un pronto de esos. Quizás sea porque ayer intenté comprar un libro en Salou.

Aún se me vienen a la cabeza esas primeras versiones que se presentan como obras cumbre de la literatura.

viernes, 24 de julio de 2009

Sebastien Smirou, un extranjero


Continúo aprovechándome de los actos que se organizan en la fundación Patxi Buldain, y libando, como las abejas, la literatura que nos ofrece Roberto Valencia, el responsable de que mi cerebro encuentre motivos para no convertirse en una boñiga insolada. Qué suerte encontrar en la comarca un compromiso que consigue traer luces de reflexión como el que protagoniza esta entrada. Un apunte: para devolverme a la cruda realidad ya está mi vecino, con un debate televisivo a volumen imposible que me obliga a escribir esta entrada con tapones en los oídos. Con ellos, con los tapones digo, me siento capaz de hilar dos argumentos y evito distraerme con alguna sesuda opinión sobre el comportamiento de qué sé yo qué personajes pseudo populares, forrados de pasta por dejarse grabar y comentar en estos programas.

Bueno, a lo que me interesa. Me refiero a la charla de Sébastien Smirou -biografía en la wikipedia francesa de este poeta y psicoanalista infantil-, el autor que nos visitó el pasado día 22 y que no sólo ofreció una cuidada exposición sobre el estado de la literatura en el país vecino, sino que aportó argumentos teóricos que se convirtieron en cargas de profundidad sobre el estado de la literatura, la lengua y nuestra propia identidad. Reflexiones bien estructuradas, todas, que obligan a replantearnos no sólo nuestra labor como aprendices de escritores, sino también nuestro papel como lectores.

Voy a plantear una pregunta que me asalta casi cada vez que pongo pie en una librería: ¿por qué hay actualmente tantos libros malos en el mercado? Démonos tres minutos para pensar en razones. Se me ocurre, por ejemplo, en una primera y evidente idea, mencionar la repetición de temáticas o de líneas argumentales; o la búsqueda que muchos autores hacen del mercantilismo a través del simple entretenimiento; o también la absoluta falta de ambición investigadora o experimentadora de estos pocos autores que pueden vivir de la literatura. Son varias, las razones, y todas ellas válidas.

Pero Smirou, como haría si fuera físico o matemático, se va al origen de todo para encontrar respuestas.

El origen está en quien escribe.

Los escritores.

¿Qué es un escritor?

"Un escritor es un extranjero en su propia lengua", sentencia.

Otros tres minutos de reflexión, y desmontamos mitos. "Claro", pensaba yo, "un extranjero es aquel que está en un proceso constante de aprendizaje". Sonrisa y cierre.

Muy pobre, ¿no? mi conclusión. Aparte de muy tópica -sí, tópica, como las cremas que se aplican para suavizar los efectos del quemazo del sol pero que no nos quitan el riesgo de contraer un cáncer-. Muchos estamos constantemente en aprendizaje y no somos capaces de escribir ni esos libros malos de los que hablamos.

Volvamos, pues, a Smirou: "Un extranjero aprende y aporta cosas nuevas a la lengua". ¡Tate! ¡Ca! ¡Ostia! ¡Eso es! A imagen de los archiconocidos nombres de escritores que no escribieron su lengua materna porque la fuerza de la costumbre les impedía nuevas formas de expresión, la propuesta de Smirou se presenta como imprescindible: hay que desmontar el lenguaje, desoír la memoria y los corsés, hacerlo vivo y transgredir sus normas para ampliar su campo de acción y forzar sus posibilidades expresivas.

Hoy mismo, una buena amiga me ha descubierto una cita de otro gran poeta que engarza perfectamente con la reflexión. Se trata de nuestro gran Federico G. Lorca: "Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio". O sea, no escribamos lo que ya está escrito, intentemos aportar algo al mundo, a la lengua, a la expresión, a la denotación y connotaciones de las palabras, a su morfología. Por ahí vamos, parece, afinando las conclusiones.

"Siempre he escrito para luchar contra mi lengua materna", terminó Smirou la reflexión, y con esta frase cierro el breve esbozo de una idea que nos llevó durante decenas de minutos por nombres de la literatura, algunos grandes y otros desconocidos; y que me ayudó, de forma contundente, a poner otro escalón en mi hambre de argumentos.

Contamos con un material de base, la lengua, que debemos superar, mejorar o ridiculizar. Trabajemos, leamos, agrandemos nuestra base para poder dar un pasito más a partir de lo que muchos autores hicieron antes. Huyamos de los tópicos y las construcciones impuestas por la costumbre. La idea es ambiciosa, vale, pero partamos por lo menos de esa intención. Sólo de esta manera evitaremos caer en el "más de lo mismo" que inunda las librerías de hoy en día y que hace tan desapacible acercarse con afán descubridor a la estantería de novedades.


domingo, 5 de julio de 2009

Mis vacaciones de pensar

"Estupidez humana. Humana sobra, realmente los únicos estúpidos son los hombres."
Jules Renard. Se dice de él que fue el verdadero inventor de las greguerías.
Ramón Gómez de la Serna
sólo habría puesto el nombre.
Todo esto lo decía Jorge Luis Borges, así que algo de credibilidad le daremos.

Y esto viene a que me apetecía escribir algo inteligente antes de hablar de lo que quería: religión y principios bien asentados. Por ejemplo, yo odio los festejos taurinos. Pienso que los animales sufren inútilmente y que las personas se convierten en bárbaros que jalean ese sufrimiento. Otro ejemplo: odio las cuadrillas, esas uniones arbitrarias que forman la base de la socialización en las ciudades donde se habla Euskera -no encuentro relación causa-efecto, pero es así-. Su existencia está basada exclusivamente en la historia, y entrar en ellas requiere aguantar cola, comulgar con unos principios imposibles y llevar una ropa determinada. Me parecen, las cuadrillas, el colmo del exclusivismo y la estupidez humana -vuelta a la cita de Renard-.

Ya no doy más ejemplos de principios bien asentados, que esto si no parecerá un blog exhibicionista, y no es la intención.

De lo que no he hablado aún es de religión. Vamos a ello: odio la religión. Y encima si va acompañada de festejos taurinos y cuadrillas no me queda más que odiarla mucho más. ¿Cómo culmina esta argumentación? Así: odio San Fermín.

San Fermín con sus encierros. Esa tensión y energía que se respira justo antes de que suene el cohete, las miradas decididas de los corredores, los gestos piadosos desde los balcones, el miedo de los extranjeros, unos saltan, otros respiran hondo mientras miran hacia un punto fijo en la lejanía, otros se palpan la cintura y las rodillas, estiran las articulaciones, tocan una y otra vez los cordones de las zapatillas para comprobar que no están sueltos. Suena el cohete y unos corren como locos, otros esperan, el público no respira, el ruido de pisadas, golpes, gritos y caídas es ensordecedor. Asoma al fondo la manada. Los jóvenes de aquí se tiran al otro lado de las vallas, asustados, han visto el fantasma de un toro que no existe. Ahora sí, ya están aquí. Suben los decibelios, se agarrotan los músculos de los espectadores, las sensaciones se exprimen al límite... y todo se para. De repente sólo se oyen las pisadas y los alientos de los toros, su respiración babosa, esos bramidos fieros y los derrotes desesperados de sus astas. Majestuosos, la calle es suya por un instante y el mundo entero frena para contemplarlos.

Mañana, mi parte irracional vencerá a la de pensar y me juntaré con mi cuadrilla, la de toda la vida, la gente con la que todo lo que tengo en común es producto de la historia, pues el presente avanzó por caminos muy distintos. Dejaré que la contradicción en que me muevo se haga evidente y abandonaré por unos días la literatura y la pose cultureta para enfangarme en calles llenas de vino, barbaridad, guiris y toros.

¡Ah! Y pienso pasármelo bien.

Gora!



sábado, 27 de junio de 2009

Relatos - Remar a contracorriente


El pasado sábado, un día después de la visita de Javier Sáez de Ibarra, otro refrescante acontecimiento literario tuvo lugar en Pamplona. Siete escritores noveles, todos ellos vírgenes en esto de la publicación de relatos, lanzaron al viento su creatividad e ilusión en forma de libro. 48 relatos y poesías apiñados en más de 200 páginas donde están impresas no sólo letras y cuidadas historias, sino también la vergüenza y el atrevimiento de estos valientes.

Por orden, en la foto vemos a Maribel Zorrilla, Mila García, Antonio Moriones, Susana Barragués -"madrina" del libro y autora del prólogo-, Beatriz Ruiz, Marijose Eceolaza -autora también del cuadro que ilustra la portada-, María Jesús Villar y Sóstenes Rodríguez. Ellos son los inconscientes que se han atrevido a hacerse presentes en el mundo literario de la pequeña ciudad donde vivimos, un lugar en el que sólo se da valor a Osasuna y los sanfermines, y donde hechos como el presente sirven de refugio para los inconformistas que no se pliegan al discurso dominante.

No van solos en esta aventura. La escritora leonesa Susana Barragués, todo corazón, buen rollo y energía, además de una de las impulsoras de la vida literaria en la ciudad, es la autora del entrañable prólogo que precede a estas narraciones. "La creación es también un acto de resistencia", dice Barragués, " resistencia estética contra el autoritarismo de las conductas civiles y la costumbre, tan rancia de significado y de destino". Qué acertadas palabras para definir la actitud de siete locos sin padrinos ni pesebres, locos que han hecho del impulso y la alegría su bandera para exponerse a la crítica o la indiferencia, inevitable mal que espera a los que persiguen sueños diferentes de los del resto del mundo.

Como Barragués, las más de cien personas que acudimos a la presentación apoyamos y admiramos actos como el del pasado sábado, momentos en los que uno se da cuenta de que no está solo en este estrecho sendero que, poco a poco, vamos consiguiendo desbrozar.


Mis mejores deseos, mi admiración y mi agradecimiento a los que lo habéis hecho posible.

martes, 23 de junio de 2009

Javier Sáez de Ibarra - Literatura para entender mejor el mundo

Javier Sáez de Ibarra escribe para cambiar el mundo.

Cuando lea esto, dirá, “¡no, yo no dije eso, yo dije que NO esperaba cambiar el mundo!”. Es verdad, dijo lo contrario: “Yo no escribiría nunca para cambiar el mundo”. Pero no me lo creo y el blog es mío, así que voy a darme la razón, que es lo que se hace básicamente en la blogosfera. Creo, para ahondar en la reflexión, que Javier también es un amante de los titulares descontextualizados, y éste me ha salido redondo.

También dijo que “el mundo podría ser maravilloso, y en cambio es un lugar lleno de conflictos”. Igual se le escapó, qué sé yo, pero sigo sin creer que no escriba para cambiar las cosas. Porque si no es así, a ver, ¿cuál es el motivo que hace que le entren esas repentinas e intermitentes ganas de escribir? ¿Por qué, después, iba a dedicar tanto tiempo a reflexionar sobre lo escrito? ¿Por qué corregirlo y reconstruirlo para dejar claro el mensaje? ¿Y por qué, mucho después, compartiría dos horas de charla, más otras cuantas de cena hasta la madrugada, con un grupo de aficionados a la lectura de una pequeña ciudad de provincias?

Insisto, el autor de Mirar al agua nos dijo que no pretende cambiar el mundo. Esas fueron sus palabras. Luego transcurrieron los minutos y bajó la guardia. Al final, con una sonrisa, reconoció: “Bueno, si acaso un poquito...” Mi conclusión: sí, Javier, escribes para cambiar el mundo. Y los que te hemos leído lo agradecemos.

En su afán por no cambiar el mundo, Sáez de Ibarra cuenta historias desde ángulos donde nunca antes habíamos mirado, relatos con cargas de reflexión maduradas durante años, cuentos que no dejan indiferente, de esos que obligan a pensar en si todo lo que conocíamos, si el mundo en el que vivimos, es realmente así.

Ya lo había avisado en otro post: el pasado viernes, en la fundación Patxi Buldain de Huarte (Navarra), Javier Sáez de Ibarra visitó a los alumnos del taller estable de escritura creativa. Una breve acotación: el taller empezó a funcionar hace sólo dos años, de la mano de Roberto Valencia y la propia fundación, pero ya empieza a dar frutos -de próxima aparición en el blog- y, sobre todo, se está convirtiendo en un importante referente literario de la vida cultural de la ciudad. Falta le hacía a esta plana Pamplona.

Vuelvo a la charla del viernes, que allí se habló de muchas cosas. Mucho sobre el trabajo del escritor, lo que a la postre más interesaba a la concurrencia. Escribir, corregir, dejar en el cajón a que madure, releer, reflexionar, poner y quitar, reescribir... publicar, no publicar: "Durante un tiempo, los cuentos que yo escribía no salían a la luz, pero me ayudaban a pensar", explicó. Relató, además, manías personales que prefiero dejar en el off the record de la charla -una por otra, ¿no?-.

También citó sus referencias: Borges, y su teoría de que "la escritura nunca se termina, sólo se interrumpe"; o Kafka, o Allan Poe y su mundo siniestro; o la poesía de Lorca; o el realismo de Aldecoa. Escritores que tampoco querían cambiar el mundo.

Sobre todo, de lo que más se habló aquella maravillosa noche, fue de relatos. De cuentos y de la carga de reflexión que llevan dentro.


También hubo quejas por la falta de respeto con que la industria editorial, los lectores y los propios críticos tratan al relato. “No se juzga igual un libro de relatos que uno de poesía o una novela”, se lamentó el escritor. Juan Casamayor, el director de la editorial especializada en relatos Páginas de Espuma, acompañó a Sáez de Ibarra y aportó una apasionada defensa del cuento como género literario. Grata sorpresa, también, encontrar a un hombre de empresa cuya pasión sea el producto, por encima de su rendimiento comercial. “Estamos terminando con la falacia de que el cuento no vende”, dijo Casamayor, y espero que así sea. Por sus bolsillos y por el futuro de los que leemos para mejorar las cosas.

Todos los que compartimos charla y cena quedamos encantados y agradecidos.

Del libro, Mirar al agua, y de lo que sobre él se dijo hablaré otro día, que éste me he quedado sin espacio. Mientras tanto, os recomiendo que lo leáis y así, cuando toque, llenamos el blog de comentarios.

viernes, 19 de junio de 2009

Escribir mientras ETA



"Me dijo el redactor jefe que llevara el ojo seco.

Cuando llegues y te azote el calor de la ciudad, me dijo, cuando te subas a un taxi y escuches decir "hay que echarlos al mar", cuando una sonrisa hebrea cumpla con el ceremonial de la hospitalidad que en todos los orientes ha regido durante milenios, cuando subas en el ascensor hasta tu habitación y dejes una moneda que has cambiado hace sólo una hora en el aeropuerto en la mano de un joven de ojos oscuros, que también te ha sonreído, cuando, después de citarte con Pablo para la cena, ya sola descorras las cortinas del Rey David y contemples el amplio espacio de la ciudad de los martirios, cuando, y él cómo lo intuyó, cuando el corazón se te encoja ante un cielo que atardece mintiendo y no habla y después se calla y se cierra sobre el mundo. Que llevara el ojo seco."

Escribir mientras Palestina (Mirar al agua)
Javier Sáez de Ibarra

Cambiemos oriente por Euskadi. Aquí, el sol no se esconderá hoy, porque ya estaba tapado por las nubes, como casi siempre. Pero sí tiene algo de mentiroso el cielo: ese objetivo, esa excusa que para algunos legitima la muerte. Hace tiempo que no es suficiente como excusa, ni siquiera real como objetivo, porque de tanto matar ha dejado de serlo.

Hoy tampoco tenemos el ojo seco, y hacía tiempo que no se humedecía por su causa.

Hoy, mientras el sol se esconde mentiroso en Euskadi, nos visita Javier Sáez de Ibarra, en lo quería haber sido un día de literatura. Mucho me temo que, en un foro de reflexión y diálogo, volveremos a hablar de sinrazón, fanatismo y violencia. De ETA y de una situación de la que estamos demasiado cansados y que parece que nunca termina.

Sólo queda discutir ideas, valorar matices y escuchar diferencias. Sólo eso y el hastío. Y otro muerto.

¿Alguien podría explicarles que cada vez que matan pierden un poquito más la guerra?

martes, 16 de junio de 2009

Hoy nos visita...



Será este viernes, en la sede del Taller de Escritura de la Fundación Patxi Buldain de Huarte (Navarra).

Javier Sáez de Ibarra acaba de sacar un libro de relatos, Mirar al agua, que es lo único que he leído de este autor vitoriano. Eso de momento, porque las expectativas que ha creado son inmejorables.

Soy muy aficionado a los relatos, los disfruto. Sobre todo me gustan aquellos que revientan mis convicciones, los que me hacen darme cuenta de que los juicios rápidos y la vehemencia no son muy sabios y me harán derrapar, como tantas veces me ocurre.

Éste es uno de esos libros, uno de los que te hacen dudar, plantear opciones, pensar de otra manera y desconfiar de las propias opiniones. Me ha parecido genial. También a los miembros del jurado del I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, que lo reconocieron como ganador de forma unánime.

Relatos sobre arte, o sobre obras artísticas, o sobre arte contemporáneo, o sobre qué hacer con el arte contemporáneo, o sobre cómo crear un mito a partir de la nada y decir que es arte contemporáneo, o sobre cómo mirar el arte contemporáneo, o sobre cómo empezar a ver algo más que manchas y desorden en el arte contemporáneo. No esperéis fórmulas mágicas, ni un manual de uso. Son historias corrientes que duelen, gustan y nos sirven para aprender a mirar, a Mirar al agua.

Tengo unas ganas locas de que venga este escritor, porque desde que leí sus relatos y discutimos alguno de ellos en el taller se me ha quedado una especie de hueco en blanco en mi capacidad de interpretación, como una ligera nebulosa de dudas, que espero que él me pueda aclarar. Joder cómo pegan estos porros. Perdón, estos cuentos.

El sábado contaré qué tal fue la visita. Del libro ya hablo otro día, cuando pueda hacerlo con la profundidad, conocimiento y dedicación que sin duda se merece.

viernes, 5 de junio de 2009

Hoy hablo de historia, de la de verdad


"«Cuando miro hacia atrás, a aquellos años -escribe el novelista Juan Marsé (1970:31)-, sólo veo las calles oscuras y la gente en las colas del hambre, y ejércitos de altanería, paveros y matones, imponiendo su facha en las ciudades y descargando sus fusiles en las afueras, y bombardeos increíbles escuchados en una radio antigua en forma de capilla, e informes sobre campos de concentración a gas, y nazis y fascistas, y ruinas y restos humanos, y guerra fría de propaganda y castigo.» La posguerra hizo más discreto el ruido de las armas, disciplinó sus descargas obedientes, pero sobre todo agudizó violentamente los contrastes de una sociedad degradada, miserable y envilecida: en un extremo los beneficiarios inmediatos de la nueva situación, que recuperaban un ritmo de vida y un brillo forzado -se le volvería a llamar hortera-, y una extensísima y densa capa de humillados y desposeídos, masas hambrientas que intentaron reanudar la vida diaria con lo que quedaba de ellos, de sus familias y de sus pertenencias (si las habían tenido o si algo conservaban de ellas de regreso a sus lugares de origen tras la guerra).

La primera de todas las leyes fue la del silencio y con ella el terror a la delación: el silencio por las actividades de un pasado que se callaba a cambio de intentar la reanudación de la vida cotidiana y laboral, porque la declaración de buenas costumbres fue una herramienta decisiva para encontrar trabajo, o para evitar una depuración que condenaba a la marginalidad, o a buscar un aval seguro. El silencio en las ciudades tenía alguna eficacia cuando se regresaba o se llegaba a barrios o zonas urbanas nuevas -sin memoria, ni amistades ni familiares. En las zonas rurales o en poblaciones pequeñas el silencio era generalmente inútil. Todos sabían quién había sido maestro republicano, quién había asistido o resistido a la sublevación militar, quién había animado un conato de revuelta campesina durante la República, o quién coleccionaba literatura anarquista o sicalíptica, quién leía autores rusos o votó al Frente Popular, quién había aplaudido las derrotas o las victorias de cada bando durante la guerra y de qué lado había luchado cada cual. Se sabía y se callaba el lugar en que las detonaciones de madrugada significaban un nuevo fusilamiento -en las playas o en los descampados-, y cualquiera podía ser llevado a comisaría y no ser devuelto a casa."

La España de Franco. Cultura y vida cotidiana(2001)
Jordi Gracia García y Miguel Ángel Ruiz Carnicer


Por si alguien dudaba de si se puede hacer literatura a partir de la disciplica histórica, aquí va este violento episodio de vida y miedo.

Los que leemos estamos acostumbrados a descubrir vidas que no son reales, emocionarnos como si lo fueran y extraer enseñanzas de relatos que no han ocurrido. No seré yo quien desmitifique esa manera de hacer experiencia: precisamente por eso leo ficción, para vivir vidas que no son la mía, emocionarme y, luego, saber más y ser mejor.

Y de repente encuentro este manual de historia, un estilo de libros al que siempre me acerco con cautela, aunque ya no con cara de asco. He de puntualizar que algo ha mejorado la disciplina histórica, porque antes mi acercamiento a aquellos libros siempre azules era diferente. En mi infancia, aquellos tochos llenos de fechas y nombres ilustres, aquellos tratados del desinterés, me llevaban a un estado de desidia sólo comparable al que me produce el visionado de un partido de curling. Y de repente, decía antes de esta digresión, descubro en un documento histórico a la literatura robada de su lugar original, y colocada en donde pocas veces hasta ahora había estado. Y cómo mejora todo.

Cómo mejora encontrarse con historiadores que comunican. Cómo gusta leer la historia de las personas, más allá de batallas, tratados, trampas, estructuras políticas, ascensos de poder, avances de los ejércitos y mapas de reparto de tierras. En esta historia puedo vivir yo y sentir el miedo, y entender por qué afiliados a partidos de izquierdas renunciaban a sus ideas, por qué se tragó con una tiranía que obligó a tanto sacrificio inútil. ¿Qué haría yo en una situación como aquella?

No me planteo esta cuestión cuando me hablan del avance del ejército nacional, de las últimas plazas de resistencia republicana o el traslado de la capital a Valencia. Sí me la planteo, en cambio, cuando leo que la gente moría por la noche, a traición; cuando alguien que podría haber sido yo era delatado, o delataba; o cuando ese alguien contribuía a que otros murieran o no hacía nada para evitarlo. Veo entonces que quienes se beneficiaban de todo esto no eran personas malas intrínsecamente, sino gentes como tú o como yo que salían de la más cruel de las pesadillas, con los escrúpulos ahogados en la costumbre de la muerte, obnubilados por la ambición de dar a sus hijos un futuro mejor. Gentes con vendas en los ojos que no querían ver que la miseria de los demás era culpa suya -¿no actuamos hoy del mismo modo? ¿Y si hablamos de África, por ejemplo?-.

Leo el miedo de las personas y ya la historia me sirve para vivir.

Ojo, no estoy hablando de una novela histórica con un cierto parecido con la realidad. Hablo de contar hechos probados, comprobados, sintetizados y bien planteados; hechos reales que se producen y se estudian en universidades. Hablo de un manual de historia. Este trabajo histórico obliga a un gran esfuerzo extra. Obliga al estudio de fuentes diversas y no siempre las oficiales, unas que sirven y otras que no, historias particulares que no se pueden generalizar por sí solas, que necesitan contraste y verificación. Exige un trabajo de interpretación para taimar las opiniones sesgadas y, sobre todo, los prejuicios. Y además una implicación para obtener conclusiones globales de la maraña de datos particulares. Un trabajo titánico que, cuando se hace con cariño, genera documentos como éste que emociona, y nos permite aprender de la historia. De la historia de verdad.